Al fin encontramos las truchas

La temporada no podía ser de lo más aciaga, tras varias unas cuantas visitas por varios escenarios piscícolas el recuento de capturas no era muy alagüeño. Una meteorología fría y lluviosa hacía que los ríos discurriesen bastante altos y podría ser la razón de las pocas capturas, todo cambió al venir a pescar a  los ríos de León, porque llegado el verano es lo que toca, venirse al otro lado de la montaña para secar un poco,

aunque este año no parece que el tiempo acompañe mucho. Sin embargo desde hace unos años el aliciente para venir aquí son sus ríos, la promesa de poder pescar truchas tras pasarse uno vareando varios ríos asturianos sin ver ningún tipo de vida en su interior. Ojo, no es que no haya trucha allí, porque seguramente en ríos más o menos cerrados y de mediano-pequeño tamaño algo de trucha hay, pero aquí en León la cosa, le pese a quien le pese, está infinitamente mejor, al menos desde mi punto de vista y de mi percepción personal. No es que los ríos estén repletos de truchas y estas salten a prao o a por cualquier cosa que flote pero si hay cierta mejoría con respecto a cuando se podían llevar y, al menos, cuando uno se va al río a disfrutar un poco se agradece el pescar alguna trucha, incluso cuando están difíciles y si no se pesca, por lo menos ver alguna sombra escapar. Desde luego, mi impresión personal es que la situación está bastante mejor que en Asturias, donde se apuesta por seguir como se está y no hacer absolutamente nada.

Las jornadas este verano no fueron tantas como en otras temporadas, pero es que ahora no hace falta ir al río todos los días para intentar disfrutar algo.

Día 1: Las tormentas de final de Junio hacen que el río Curueño baje alto y tomado, es todo un cambio con respecto a otros años, me decanté por pescar la zona de la escollera de La Cándana, por la zona siempre pica alguna. El estado del río me anima a seguir aprendiendo a pescar a ninfa y ya en el tercer lance, casi cuando ya estoy haciendo levantar las ninfas para volver a lanzar se produce la primera picada de una minitrucha. A partir de ahí la cosa ya no mejoró mucho, alguna picada hubo pero pocas y nunca logré engancharlas.

Día 2: Tras el «fracaso» de la jornada anterior me decidí ir a Sopeña, también el río Curueño. Ya desde el puente del

75114.jpgpueblo se puede ver alguna trucha aguas arriba en la tabla, de hecho en los «serenos» por llamarlos de alguna manera, puesto que casi ya no los hay, se pueden ver las cebas. Comencé a ninfa sin mucho convencimiento y desde luego no fue mi mejor estrategia, un par de picadas, pero nada más. En vista de que el río ya bajaba bastante más claro decidí probar con la seca, ya que en Asturias no las había usado prácticamente ningún día. Probando con una pequeña efémera salmón en un 18 no tardaron en comenzar a picar algunas truchas. Lo más sorprendente es que año tras año, las picadas se producen siempre en las mismas zonas. El tamaño fue bastante variado desde truchas de unos 19-20 cm a 26 cm, otros años salía alguna más grande pero bueno, aún es pronto y fue la primera visita, habrá que probar alguna vez más para ver que hay realmente. Lo único que me escama de este tramo es que según te alejas del pueblo hacia arriba o hacia abajo el tamaño de las truchas, misteriosamente, comienza a aumentar. No es la primera vez que de la que yo marcho, estando ya bastante oscuro, se arrima alguien al río, únicamente con la caña, en esta ocasión para no ser menos, una pareja vestidos de calle y con sandalias se dirigían con una caña de pluma a la parte superior de la tabla, una zona con una playa de fácil acceso, llevaban una mochila pequeña, no se, igual es que soy un desconfiado.

Día 3: De la que pasaba por la Vecilla decidí ir a tomar algo al chiringuito de la zona de baños y viendo como estaba el río me puse la ropa y al lío. La zona tiene corrientes y tablas, no se veía mucha actividad. Lo más sorprendente, o ya no tanto, es ver la poca cantidad de moscas que salen a última hora de la tarde, los tricópteros prácticamente brillan por su ausencia, año tras año cada vez veo menos, y por parte de las efémeras más de lo mismo. Probando con una efémera salmón no tardé mucho en engañar algunas truchas, incluso en una postura que justo antes acababa de ser machacada a pluma.

Tabla de La Vecilla

Día 4: Uno de los tramos de visita obligada en León es Nocedo de Curueño, siempre hay truchas, y la sucesión de rocas en medio del cauce, creando corrientes y «blandos», junto con las tablas, es un espectáculo par la pesca. Años atrás era una de las zonas más visitas y machadas del río Curueño y la única de León en la que pude llegar a ver un verdadero sereno, con truchas cebándose por todos lados, llegando incluso a sacar dos truchas a la vez en la cuerda. Desde que se impuso la pesca sin muerte el tramo mejoró bastante, si es que era posible. Aquí con un tricóptero se lo pasa un realmente bien, probé con uno pequeño, un 16, oreja de liebre, todo un acierto con 17 truchas sacadas y alguna perdida, pero ni un solo rechace. Más adelante probé con otro tricóptero similar a una sarnosa que dio otras dos truchas y finalmente la efémera salmón de los días anteriores que dio una más. Después se acabó la fiesta, llegó el oscurecer y nada, alguna se veía cebarse en alguna tabla pero tampoco de forma seguida, está claro que sereno no había. En la retina quedaron imágenes de ver a las truchas subir lentamente y seguir la deriva del trico en las tablas antes de cogerlo.

Día 5: Vuelvo a la Cándana, el río ya bajó algo, pero sigue más alto que otros años y se agradece, especialmente porque así no se enganchan las algas que aparecen cuando hay estiaje. Como había otro pescador (primera vez que me encuentro a alguien en esta zona) aguas abajo del puente, decido dejarle toda esa parte y subir por la escollera. Está ideal para la seca, así que pongo el tricóptero de oreja de liebre, nada, no hay movimiento, no hay subidas. Al cabo de un rato alguna se mueve pero siempre con rechaces, como era un tricóptero nuevo, con un pequeño indicador fluor sobre el tejadillo, sospecho que pueda ser eso, cambio al clásico de la vez anterior, nada, más rechaces. Al final en unas corrientes fuertes decido poner un «gorrión» de pelo de ciervo, bingo!!! cuatro truchas en 10 metros de río, tres se escapan.  Al cabo de un rato y sin notar picada, pruebo con una emergente salmón en cdc, una subida y una trucha, tras eso, no había forma de seguir pescando con la mosca, así que pongo una en paracaidas. A la caida de una corriente la mosca simplemente desaparece, como hundida, tiro para recuperar y noto que hay una trucha bastante importante clavada, pero dos quiebros y se suelta.  A partir de ahí llega la hora del «sereno», casi no se ven moscas, alguna trucha se ceba bajo las salgueras pero nunca de forma seguida, se acabó la jornada, no pica ni una trucha más, da lo mismo lo que pongas.

A la tapecida

Todavía faltan unos cuantos sitios más por visitar, algunos son una obligación, pero desde luego la impresión hasta el día de hoy es francamente positiva, al menos se ven truchas, uno va al río y con dos  horas ya se lo pasa bien. Como parte negativa, de momento hay sitios donde aprecio menos truchas que otros años, pero parece ser algo cíclico, lo peor de todo es la falta de moscas, por lo menos las emergencias que se daban años atrás.

 

Un comentario sobre “Al fin encontramos las truchas

  1. Muy buena crónica de esas jornadas en Leon!
    Desconozco la situación en Asturias, porque todavía no he podido estrenarme allí. Pero suena bastante desalentador lo que dices. Que una región con un entorno natural que proporciona un marco inmejorable para truchas, reos y salmones, no tome ya la iniciativa del cambio, es triste. Y repito, lo digo en base a todo cuento oigo y leo de vosotros, los que conocéis bien Asturias.

    En el fondo hay poco que inventar… el modelo de Castilla y León, que puede ser mejorable, como todo, ha demostrado al menos ser un muy buen punto de partida como poco.

    Respecto al clima, y las condiciones de los ríos, poco podemos hacer. Así que toca adaptarse, improvisar… y eso al menos nos obliga a crecer en nuestras capacidades. Cebadas? Pocas… por culpa de la falta de eclosiones? Temperatura de las aguas? Contaminación?

    Un saludo!

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